Matthew no se corta, y por eso nos concede esta entrevista en la que habla de su presente, de su pasado y de asuntos tan espinosos como el trágico fallecimiento de su padre o su relación con la actriz Penélope Cruz. Y es que siempre se la juega.
E l texano, rubio, de ojos azules y seductora sonrisa, sigue teniendo el mundo a sus pies y a los paparazis tras sus pasos. Acabado su romance con Penélope Cruz (32), Matthew McConaughey (37) sigue disfrutando de la vida, de las mujeres (que nunca faltan a su lado), de su afición por los deportes al aire libre, la yerba mate y todo lo que le estimule y le mantenga alerta en un mundo tan competitivo como el de Hollywood. Nos encontramos con él en Manhattan dos horas después de que llegara de Australia, donde rueda su próximo filme. A pesar del jet lag, el actor luce un impresionante físico musculado y bronceado, y hace gala de su radiante sonrisa. Ha cruzado dos continentes para hablar de su trabajo, la película We Are Marshall.
—Se te ve mejor que nunca...
Nunca me he sentido tan bien. Tengo 37 años y la vida me va cada vez mejor. No puedo quejarme de nada. Además, lo bueno de cumplir años es que empiezas a hacer aquello que más te place y no a perder el tiempo.
—¿Cómo te mantienes en forma?
Me apasiona el deporte. Me gusta estar activo, practico el golf, el yoga, el surf... Es bueno para el cuerpo y la mente. Pero también me gustan los deportes en equipo, por la camaradería y el trabajo de alcanzar un objetivo común.
—¿Por esa razón te decidiste por la película We Are Marshall?
La hice porque el guión me pareció excelente y porque llevaba tiempo queriendo interpretar a un profesor; lo que no me esperaba es que fuera a tratarse de un entrenador de un equipo universitario, aunque el campo de fútbol es una metáfora de cómo sobrevivir después de haber perdido a alguien querido en la vida.
—Perdiste a tu padre siendo joven. ¿Cómo superaste ese momento?
Primero pasas por esa fase de rabia y de ira porque no es justo quedarte sin padre, no sabes qué hacer, a dónde dirigir tu siguiente paso. Luego decides que hay que seguir adelante con la vida. La muerte repentina de mi padre me hizo madurar de la noche al día, me convertí en un hombre responsable, en mejor hijo, mejor amigo y... mejor amante.
—¿Por qué te interesó el papel de profesor?
Porque me gusta comunicarme con la gente, sobre todo con los niños.
—Hace unos meses Brad Pitt contaba que quería tener al menos 10 hijos para poder formar un equipo de fútbol...
Yo también, bueno, al menos tres. Pero primero tengo que encontrar a la madre de mis hijos.
—Tu última novia era española. ¿Las prefieres internacionales?
No necesariamente. Lo más importante para mí es que esa persona me acepte y me deje ser como soy, eso es lo mejor, me da exactamente igual si mi novia es europea, americana o de cualquier otro continente. Lo mejor de mi relación con Penélope es que fuimos siempre muy honestos el uno con el otro.
—¿Cómo reaccionas cuando lees que tienes los mejores abdominales del mundo?
No he leído nada de eso. En los últimos tres meses no he leído revistas ni he visto televisión, así que no estoy informado de muchas cosas. No me interesa lo que se diga de mí.
—Tu madre, dijo: “Ya era hora”, cuando fuiste nombrado Hombre Sexy del 2006 por la revista People. ¿Qué hace que un hombre sea sexy?
Ser hombre ya es sexy. Ser hombre significa respetarse a uno mismo, a los demás, tener sentido del humor, enfocarse en lo que hace, saber lo que hace. Saber lo que sabe y lo que no sabe puede resultar muy sexy; evolucionar, crecer, madurar... Eso es también muy sexy.
—Volviendo al deporte, ¿eres buen perdedor?
A nadie le gusta perder, pero es cierto que perdiendo aprendes a hacer las cosas mejor y te vas superando a ti mismo, cosa que no ocurriría si ganaras siempre. Lo importante es darlo todo, de esa forma, si pierdes, duermes tranquilo.
—¿Eres competitivo?
Sí, mucho.
—¿Lo eres también cuando vas en bicicleta junto a tu amigo Lance Armstrong?
No, no. Hay que ser realistas, cuando salgo con él a la carretera, los primeros 200 metros puedo leer lo que dice el dorsal de su camiseta, luego no lo vuelvo a ver hasta el final de la jornada (risas).
—¿Dónde te sientes más feliz, en la carretera o rodando una película?
En la carretera, con mi roulotte y tirando millas, donde quiera que me lleve el viento. Me atrae mucho la vida nómada. Tengo mi casa en Texas, pero vivir yendo de un lugar a otro me estimula, me adapto fácilmente a cualquier cultura o ambiente. Me gusta ir a sitios donde no conozco a nadie, y donde nadie me conoce a mí. Los primeros días son un infierno, echas de menos a tu familia, tus amigos, la televisión, el teléfono, el ordenador, tu coche, muchas cosas de tu vida diaria, pero luego te sientes liberado sin todo ese peso.
—¿Cuál ha sido tu última aventura?
Perderme en África en busca de un sueño que he tenido en varias ocasiones. En el primero estaba en el Amazonas y en el segundo en el África musulmana. Exploré el Amazonas y siete años después se me volvió a repetir el sueño y decidí ir a Mali, porque de allí es uno de mis músicos favoritos. Tomé un avión, llegué a Mali y empecé a preguntar a todo el mundo si sabían dónde vivía. Después de ocho días de viaje, por carretera, atravesando ríos y campos de matorrales, lo encontré. Me quedé dos semanas viviendo en su poblado, hice grandes amigos y desde entonces he vuelto dos veces. Nadie allí sabe a qué me dedico porque no tienen televisión, ni cine en el pueblo. Era un completo extraño cuando llegué; sin embargo, ahora ya soy uno más, soy un amigo. Eso me hace muy feliz.