IMDB

Tu primera fiesta... en casa

ELISABET BENAVENT | CUORE.ES -

En el salón de la fama de las primeras veces hay un millón de catástrofes que, estimada coqueta, son consecuencia de venirnos arriba o no mantener la boquita cerrada.

Si eres de las mías y a ti también se te calienta el hocico con un par de copas de vino, te habrás encontrado a ti misma diciendo cosas como “claro que voy al tercer cumpleaños de tu hijo” (aviso para navegantes, en los cumpleaños infantiles no suele haber alcohol… llévate tu propia botella de vino) o “esa mudanza nos la hacemos en un pispás, no contrates a nadie”. Por la gloria de tu madre… cálmate. Son primeras veces que puedes ahorrarte, de verdad. Piensa en todas aquellas situaciones a las que tienes que hacer frente por ovarios y ahora reflexiona… ¿no es mejor, en lugar de ofrecerte voluntaria para torturas modernas, fingir que se te ha caído una lentilla… aunque no lleves?

¿Tarde, verdad? Porque probablemente el viernes pasado, después de un par de  cañas, alguien propuso hacer una cenita de tranquis para el siguiente fin de semana, con eso de que el tiempo está revuelto, y tú ofreciste tu casa. Si es tu primera vez como anfitriona, me encomiendo a todos los dioses del Olimpo y con mi pequeña y humilde experiencia, voy a darte unos consejos:

1. Huir o mentalizarse:

Sopesa la posibilidad de escaquearte. Puedes… mentir y decir que te ha reventado una tubería y que no dejan de salir a borbotones las aguas fecales de todo el edificio por tu bañera. Quizá decir que has cogido el tifus. O fingir tu propia muerte durante un fin de semana. Si eres aprensiva con eso de mentir… prepárate, porque están a punto de pasar muchas cosas en tu vida y… permíteme decirte que no van a ser buenas. Sé fuerte y paciente o… plantéate la posibilidad de que el lunes puede que ya no tengas amigos.

2. La intendencia:

Lo primero que tienes que hacer es recordar a cuánta gente invitaste en tu infinito optimismo. Luego cuenta las sillas que tienes en casa. Si no te salen las cuentas, ya sabes que la cena va a ser tipo cóctel. Te lo recomiendo. Si los sientas a todos en la mesa, las complicaciones se multiplican. Y por cierto… platos y vasos de plástico. No es una sugerencia, es un mandamiento. Yo una vez hice una cena en mi casa con vasos de Dora la Exploradora y para justificarlo les dije que íbamos a rememorar los cumpleaños infantiles de principios de los noventa, pero que no los había encontrado de Barbie. Otra norma del anfitrión: nunca se es suficientemente desvergonzado.

3. El menú:

He cometido muchas veces el error de pasarme de ambiciosa y en una ocasión el resultado incluyó a uno de los invitados disfrutando alegremente de dos días de baja por cagaleras de la muerte. No intentes hacer pan casero. De verdad… si es la primera vez, no lo intentes. Ya si eso, cuando nadie pueda acusarte de querer envenenarlo. Y si te encanta cocinar, lo haces de muerte y quieres lucirte… piénsatelo bien, porque no quieres que deje de gustarte ni terminar odiando a tus amigos cuando se lo jalen todo sin consideración y tu cocina parezca territorio inhabitable. En resumen: pide la comida hecha y tira los envases antes de que lleguen.
Eso o soborna a tu madre.

4. El bebercio:

Compra mucho alcohol. O mejor, pide a cada invitado que traiga una botella de vino. Todo pasa mejor con vino. Si la comida no está buena, da igual, hay vino. Si alguien se empeña en que pongas el vídeo de tu boda, no pasa nada, hay vino. Si lo tocan todo, manchan tu sofá, fuman en tu dormitorio, alguien quiere cantar y oyes sirenas de policía acercándose, non ti preocupare, hay vino. Si alguien vomita por una ventana, ¿qué más da? Hay vino. Y lo mejor del vino es que no te hace pensar en que el día siguiente te despertarás con ganas de morirte.

 

5. No dejes que NADIE se quede a dormir (si no va a acarrar eróticas consecuencias) y no permitas que NADIE se vaya sin bajar una bolsa de basura aunque tengas que atársela a la mano mientras le abofeteas.

El día siguiente vas a odiar a todo el mundo (sobre todo a ti misma) y es posible que llores agarrada a los almohadones de un sofá que no, nunca volverá a ser el mismo. Puede que los vecinos te retiren el saludo y hasta que tus amigos se lo pasaran tan bien que propongan repetir pronto. Pase lo que pase, por más desolador que sea el paisaje que te espere en el salón, por poca puntería que tus amigos tuvieran a la hora de desbeber (no sé si me entiendes)… respira hondo y reza porque sobrara vino.