Julie Edwards/LFI/Avalon

Carey Mulligan y su mayor medio: la demencia

Y, tras sus palabras, el miedo es REAL

CUORE.ES -

Aunque muchos podrían pensar que todavía es demasiado joven como para preocuparse por enfermedades tradicionalmente asociadas a la tercera edad, lo cierto es que la actriz Carey Mulligan se ha encargado personalmente de desacreditar ciertos mitos sobre la demencia y el Alzheimer asegurando, por ejemplo, que a sus 32 años ya se está mentalizando sobre la posibilidad de que pueda sufrir algunos de sus síntomas en un futuro no demasiado lejano.

"Existe una opinión generalizada de que los efectos de la demencia, como la pérdida de memoria o la desorientación, son solo una desafortunada consecuencia de la edad, lo cual no es cierto y además provoca un gran daño a la gente que lo sufre y a sus familias. Crea un estigma, aísla y marginaliza a las personas y nos retrasa en la búsqueda de una cura efectiva", ha explicado Carey antes de hacer referencia expresa a su caso personal.

"Hace poco me preguntaron si temía poder padecer demencia dentro de unos años, y mi respuesta es que sí. Pero eso no es necesariamente malo, porque el miedo me ayudó a hacer acopio de la valentía necesaria para pasar a la acción. La acción desemboca en el cambio, el cambio en una vida mejor y, en último término, en soluciones", aseguraba en la última conferencia de la Asociación Británica de la Lucha contra el Alzheimer.

La protagonista de películas como 'El Gran Gatsby' o 'Collateral' lleva varios años ejerciendo como embajadora de la citada organización y con ella mantiene un vínculo muy estrecho, entre otras razones, porque su adorada abuela libró una dura batalla de más de una década contra el Alzheimer hasta su fallecimiento a los 91 años.

"La progresión de la enfermedad implicaba que, para cuando yo ya tenía 25 años, ella ya no podía comunicarse verbalmente más allá de pronunciar algunas palabras, y todas ellas eran en galés, que es su lengua materna", se sinceraba Carey en una entrevista reciente sobre el duro golpe emocional que sufrió al ser testigo del deterioro irremediable de las capacidades cognitivas de su abuela.