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Dulceida se disculpa y critica a la vez su polémica tuitera

Va a tardar en ir a África de nuevo.

Estefanía Fernández | CUORE.ES -

Las celebrities de vez en cuando la lían sin querer (o queriendo, eso ya no lo sabemos) con las fotografías que publican en redes sociales.

Dulceida ha sido la última 'influencer' en ser la comidilla 2.0 debido a todo lo que ha subido a Instagram durante su viaje a Sudáfrica junto a Alba Paul, su mujer. Así que ha decidido cortar por lo sano y ha emitido un comunicado en su cuenta de Twitter para zanjar toda la polémica que ha causado por la publicación de unas imágenes en una bañera y de unos niños con unas gafas de sol. 

Así que, al igual que ha hecho Cepeda para callar a todos sus 'haters', Aida Domenech ha compartido unas cuantas capturas de pantalla con un texto:

"En primer lugar es totalmente falso que comerciáramos con las gafas de sol que les dimos a los niños. Es más, no tengo ninguna colección de gafas de sol en este momento, ni colaboro con ninguna marca de gafas de sol, por tanto, es una absoluta incoherencia que yo buscara lucrarme con esa publicación. Simplemente nos pidieron las gafas y se las regalamos, todo lo demás es falso", escribe Dulceida, que prosigue: "Mi intención en ningún momento ha sido la de hacer daño con estas fotografías, ni mucho menos utilizar a la gente de la tribu y lamento mucho si alguien se ha llevado esa impresión".

 

 

La bloguera reconoce que su "safari turístico por África" ha sido "una experiencia maravillosa que volvería a repetir", pero sí que se arrepiente de la fotografía que subió mientras tomaba un baño en Cape Town: "Borré la fotografía en cuanto me comunicaron la sequía que tiene la ciudad actualmente. Y pedí disculpas inmediatamente en mis redes sociales. Desconocía que hubiera en ese momento esa restricción y sé que el desconocimiento no exime la culpa, pero así fue y lo lamento".

Que conste: se ha disculpado.

De todos modos, el comunicado no acaba ahí (es algo así como la Biblia de largo): "Por todo esto, se me ha insultado, se me ha vejado, se me ha maltratado con total vehemencia en las redes sociales. Se ha llegado a desear mi muerte, sí, mi muerte, sólo por publicar en Instagram una foto donde no hago daño a nadie. Las críticas se pueden entender, pero hay límites que no se deben superar", sostiene la influencer, que reconoce: "No soy la mejor persona del mundo, pero intento ser buena y poner mucho amor en todo lo que hago. No tengo que justificar ni mostrar públicamente las aportaciones desinteresadas que hago a distintas organizaciones, por eso mismo, porque son desinteresadas, pero no juzguéis sin conocer y sin ver más allá de lo que muestra una imagen".

En cualquiera de los casos y pase lo que pase, Aida Domenech afirma que "esta será la última vez" que se pronuncie al respecto: "Sé lo que conlleva ser un personaje público, pero eso no justifica las agresiones verbales que he sufrido durante estos días, me haya confundido o no. Ni por supuesto las invenciones y noticias falsas sin contrastar que se han publicado respecto a mi persona. No todo vale".

Y para concluir... "Existe una continua crítica a los influencers hacia todo lo que hacemos, y siempre tenemos que justificar nuestro trabajo porque se infravalora continuamente. Llevo trabajando desde hace 8 años en esto y amo mi trabajo. Me hace muy feliz poder dedicarme a lo que me gusta, tengo esa suerte y eso es algo bueno, ¿por qué tanto odio?".

Se ha debido quedar sin tinta.

Comentarios de apoyo y ánimo tampoco le han faltado, como el del escritor Roy Galán, han decidido involucrarse y romper una lanza a su favor:

 

Yo no soy mejor que Dulceida. Culparla del hambre y la sequía del mundo porque su esposa se ha dado un baño o porque ha hecho una fotografía es ridículo. Y además de ridículo es injusto. Porque probablemente se ha equivocado por desconocimiento o inconsciencia (porque todos y todas nos equivocamos y aprendemos) pero de lo que no cabe ninguna duda es que Dulceida no ha querido hacer daño a nadie. De hecho su objetivo era la felicidad de su esposa Alba y la felicidad de unos niños. Lo que sucede en este planeta es que para que algunos y algunas seamos felices otros y otras han de ser desgraciados. Eso no es responsabilidad de Dulceida. O no más que la de todos los que la han linchado públicamente porque todos y todas tenemos agua corriente en nuestros grifos "gracias" a que otros no tienen. Resaltar la "maldad" ajena para que sobresalga la "bondad" propia es mezquino. Pero aprovechar el escarnio público a una persona que comete un error para hacer leña del árbol caído es miserable. Decir que Dulceida es estúpida, que cómo pueden ser estos los referentes de nuestros hijos e hijas, que no tiene ningún talento, que ser influencer no es un trabajo. A mí no me interesan mucho las lifestyles, no es algo en lo que ocupe mi tiempo, pero veo los vídeos de Dulceida y ni me da envidia ni la odio. Tan solo pienso en qué mujer tan afortunada que puede ganar dinero con lo que ama. Que qué bien mujeres con poder que no dependen de ningún hombre para levantar imperios. Que gracias por la valentía en dar visibilidad a las bisexuales y hacer que gente muy joven normalicen distintos tipos de relaciones. Que puedes tener un novio y casarte con una chica y no pasa absolutamente nada. Que la gente te puede admirar y querer por lo que eres. Sin herir. Lo que sucede es que la gente no soporta la fortuna ajena. No puede tolerar que la gente gane dinero amando y no sufriendo. Si a Dulceida le pagan es porque "lo" vale. Y lo vale porque vende. Así funciona el mercado. Y este mercado lo alimentamos todos y todas. Cuando nos quejamos de Dulceida nos estamos quejando de nosotros y nosotras mismas. Porque todos los días ponemos tuits utilizando móviles fabricados [..]

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Con la polémica, lo que no sabemos es si Dulceida y su churri habrán podido disfrutar del viaje, porque vaya odisea ha venido luego... Lo que es cierto es que con tanta foto parece que hemos ido nosotras también al safari.